martes, 21 de abril de 2020

Gol del Bicho, el peor partido de mi vida

En otro momento de mi vida ese gol me hubiera llenado de felicidad, pero jamás pensé que un gol podría doler tanto como este. Casi no salen palabras, hay tantos sentimientos encontrados que envuelven la mente y no dejan decir nada.

¿Se acuerdan de ese mano a mano en el que hace catorce días habíamos quedado? Tristemente fue gol del bicho por ahora, como en cada partido aún no se sabe el marcador final, aunque se siente que falta una eternidad para la siguiente jugada. Impotencia, bendita impotencia es lo que se siente en este partido... ¿cómo se dejó pasar a ese bicho? ¿si hubiéramos puesto la defensa mejor desde antes? ¿se la habrá pasado a otros jugadores?...

Por ahora solo hay incertidumbre en el panorama, por supuesto replantear el partido, aprovechar al máximo cada espacio que se deje, y pedir la ayuda divina para pronto, muy pronto empatar esto, porque "hoy no podemos perder".

Foto Juan Camilo Vargas
En el partido hasta el momento no hay un claro dominador, ha habido pasajes en los que el balón ha estado en la mitad de la cancha, solo había llegado dos o tres veces al área... Pero la presión del resultado, del tiempo que ha ido pasando, dificulta un poco la confianza en los jugadores, sin embargo es ahora cuando más se necesita la unión del equipo pues "Todo se cura con amor".


viernes, 10 de abril de 2020

El camino hacia mi Libertad

Un día apareció Raúl, con su sabiduría suprema y me animó a buscar mi libertad, no puedes seguir aquí, no es bueno para ti, así no deben ser las cosas, esto debe terminar. Era el sueño de mi vida, ser libre de esa esclavitud, pero ¿cómo iba a hacer? no tenía a nadie ni nada, ella ya se había ido al cielo, ella era mi única esperanza, ella mi abuelita Ana ya no me iba a poder defender ¿y ahora?

Sin embargo algo dentro de mí comenzó a pensar que esa opresión iba a terminar, que era necesario darle un fin a esos días y noches de tormento, pero no era capaz, si había algo que ya no tenía era fuerzas para luchar, si de mí dependía, no podría escapar.

Entonces ese alguien que me cuidaba, se encargó de planear mi libertad, se encargó de sacar su terquedad, y una noche de enero, ese cinco de enero el monstruo se hartó de mí, esta vez con una decisión: "me voy a vivir sola mire usted a ver que hace". Tal vez pensó que era mi fin, mi destrucción, pero jamás pensó que era el fin de mi esclavitud, que por fin iba a vivir.

Un mes más tarde todo terminó, o lo más visible llegó a su fin. Crucé ese río, salí a otro lugar, después de todo era mejor estar completamente sola, que vivir acompañada en opresión constante. Valía más, mucho más un estrato cuatro sin lujos, que seguir en ese seis con terror constante. No fui valiente, no fue por mí que salí, fue porque ese alguien me abrió el camino hacia mi Libertad.


Ahora venía el viaje más largo, ya no dormía con el monstruo, ya había por fin noches y despertares de paz; pero venía el mayor reto: el reto ahora era sanar. Cuando has vivido en esclavitud por tantos años, te olvidas de cómo es la libertad, te olvidas de quien eres, te olvidas que puedes amar y recibir amor, te olvidas de ti, completamente de ti. Y es de valientes, recomponerte, volver al diseño original, no ha sido fácil, aún hoy o bueno ayer luché con esa esclavitud mental, pero en esta cuarentena hoy recuerdo la fiesta de la Libertad.

jueves, 9 de abril de 2020

Una noche oscura, con miedo y mucho dolor

Yo también sé lo que es pasar una noche en la oscuridad, y no una, sino innumerables noches de angustia, de dolor, de sufrimiento constante, de pánico, de oír un ruido y pensar "¿y ahora qué más pasará?" "¿Esta vez por qué me golpeará?".

Fueron muchos días y noches de terror constante, las noches eran más largas, porque en el día no estaba, el monstruo se iba a trabajar  y yo podía descansar. Eran esos momentos sin el monstruo cerca en que podía ser niña, podía jugar, podía ponerle una venda a la mesa auxiliar de la sala y jugar a que fuera mi caballo, podía ponerme mis patines y volar, volar lejos de tanta tristeza y tanto dolor.
Tic tac, tic tac, y así avanzaba el reloj y yo por dentro gritaba para que no llegaran las cinco de la tarde, hora del regreso del monstruo, conocía la forma de pitar, y con ese sonido se estremecía algo dentro de mí, era el sonido del dolor, del pánico, de la tristeza.

Correr a revisar si todo estaba perfecto, si no se me había olvidado limpiar algo u organizarlo, querer hacer reír a ese monstruo a como diera lugar, inventarme todo lo que estaba a mi alcance para oír una buena palabra, no pedía mucho, solo una pinche palabra de amor, de aceptación, de perdón... tal vez una caricia era pedir demasiado. Pero nunca llegó, era más sencillo un golpe, un insulto, una burla, una humillación más, y así noche tras noche, aunque al dormir había momentos de sueño, de paz, de seguridad o falsa seguridad.


Despertar no era un dulce despertar, era volver a la triste realidad, abrir los ojos y pensar "por favor que haya conectado el calentador", "por favor un poco de paz"... El monstruo se iba y volvía la felicidad, por momentos casi me olvidaba del profundo temor, cada vez eran menos los sueños, cada vez soñaba menos con mi libertad, golpe tras golpe, ya no dolían, ya me había acostumbrado al dolor, ya dominaba el dolor... pero el físico; el emocional ya me había destruido, ya me había podrido por dentro.

Intentar no vivir más, intentar irme de aquí y así solucionarle la vida, así tal vez el monstruo dejaría de ser monstruo, por supuesto que lo intenté y no solo una vez... Pero alguien jamás lo permitió, alguien no sé en donde me cuidó, supo ponerme un cerco de protección, me regaló el amor de ella, un amor que me permitió aguantar cuando ya no podía más, y fue así como hasta me llegó a ladrar su amor, alguien en alguna parte de este mundo si me amaba, si me cuidaba y si me iba a conducir a mi libertad.
(Continuará)...

viernes, 3 de abril de 2020

¿A qué le temes hoy?

Este tiempo de quietud, de pausa obligada en casa, de cambiar la rutina, no sé en uds pero en mi vida ha generado muchos cambios, me encanta servir a los demás, pero estos tiempos me han reencontrado con esa parte de mí que enterré hace varios años, y ese anhelo de ayudarnos unos a otros me tiene pensando en nuevos proyectos.

Hay uno casi listo, llevo tres semanas estructurándolo, primero esperando el patrocinio, luego esperando la estructura, y así le he ido poniendo un pero tras otro, hasta que esta semana identifiqué que lo que tengo es miedo,  son miedos mejor, porque es en plural. Me he venido tomando el tiempo de escucharme, oír mi corazón, mi vida ¿A qué le temo realmente?


Esta semana fue de enfrentar un temor en mi vida, ese del balón mano a mano, me di cuenta que el temor más grande acerca del bicho es que mate a mis seres más queridos, y en este momento no les puedo asegurar que no pasará, porque no está bajo mi control, pero sé que si llega a pasar, ellos estarán mejor que yo y serán felices eternamente. ¿Y yo? bueno pues ya he enfrentado varias muertes cerca, así que otra más seguro las superaré, pero no por ello voy a dejar de darle lo mejor de mí a los demás.

Ahora volviendo al proyecto para ayudar al mundo con base en mi pasión, también hay temores allí, a no hacerlo tan perfecto como quisiera, sin patrocinio no va a salir la súper idea que tengo. El verdadero miedo es al rechazo, ¿qué tal si ellos no apoyan esta iniciativa? Eso es lo que me ha tenido detenida esta semana, y tú ¿a qué le temes realmente? Quita las excusas, mira en el fondo de tu corazón y responde ¿Por qué no te has movido a hacer eso que tienes en mente?

Que este tiempo de pausa en el corre corre diario, sea una oportunidad para vencer esos miedos, y conquistar tus sueños... Quizás juntos podamos llevar varios platos de comida, medicamentos y alegría a un mundo tan necesitado hoy en día, y a un país como el nuestro que nos va a necesitar más que nunca en las próximas semanas ¿te animas?

miércoles, 1 de abril de 2020

El bicho llegó al área y cerca de hacer gol

Hoy ha sido tal vez el peor día desde que el bicho tocó nuestro país, hoy fue sentirlo cerca, tal vez más cerca de lo que lo quisiera tener. Temprano llegó hasta propia puerta, en la tarde hizo un tiro libre desde media cancha, pero que no llegó al área; sin embargo en la noche ya quedó mano a mano con mi arquero... Aún no les puedo decir quién ganó el partido, pero si les aseguro que dejó mal parada a la defensa, y hasta movió el arquero. 

Desde ayer fue la convocatoria, una de esas que uno realmente no quiere oír, algo así como cuando Pekerman entró a esa sala y dijo "hoy no son buenas las noticias para Colombia", se veía venir, era lo que podía pasar, lo más probable, pero en el fondo yo aún guardaba la esperanza que no sería así. Hoy estoy en esa mesa, esperando lo que se va a decir, aún no tengo el veredicto final, pero vi la cara de cerca y me asusté, me rompí al pensar que puede ser un "sí".

Fueron aumentando las horas, intentar mantenerme en ese un día a la vez, hoy está viva, hoy no lo tiene, hoy... Pero necesito una respuesta yo, tal vez no ella, pero yo si lo necesito urgente, esperar unos días no lo aguanto, que se juegue ya este partido ¡Juez!, y ahí intervino la mano amiga de los periodistas, esos buenas personas y grandes profesionales, se movieron y lograron que no se postergara el partido, que se jugara dentro de las 24 horas como el reglamento lo dice.

Apareció una hincha que recordó que el Técnico tiene el control del partido, que así yo no entienda estos movimientos, él sabe lo que hace y los va a poner en la posición para la que están diseñados. Sin embargo, cuando iba volviendo este equipo al hotel, apareció otro golpe más, así como cuando atacan el bus de ellos de regreso a casa, pero con heridos de gravedad, ahí se quedó mano a mano, el arquero no está en la mejor posición, y solo puedo pensar, es una realidad, el bicho llegó a casa.

No sé si vaya a ser goleada, empate o triunfo del local, pero sé que así se pierda este partido, el título está asegurado, quisiera saber ya el resultado final, quisiera tener un poco más de control, quisiera poder hacer algo más. Pero ahora solo queda tomar mi lugar, y ver pasar el tiempo, animar, alentar, gritar y hasta llorar, ojalá de felicidad. 

Gol del Bicho, el peor partido de mi vida

En otro momento de mi vida ese gol me hubiera llenado de felicidad, pero jamás pensé que un gol podría doler tanto como este. Casi no salen...