Yo también sé lo que es pasar una noche en la oscuridad, y no una, sino innumerables noches de angustia, de dolor, de sufrimiento constante, de pánico, de oír un ruido y pensar "¿y ahora qué más pasará?" "¿Esta vez por qué me golpeará?".
Fueron muchos días y noches de terror constante, las noches eran más largas, porque en el día no estaba, el monstruo se iba a trabajar y yo podía descansar. Eran esos momentos sin el monstruo cerca en que podía ser niña, podía jugar, podía ponerle una venda a la mesa auxiliar de la sala y jugar a que fuera mi caballo, podía ponerme mis patines y volar, volar lejos de tanta tristeza y tanto dolor.
Tic tac, tic tac, y así avanzaba el reloj y yo por dentro gritaba para que no llegaran las cinco de la tarde, hora del regreso del monstruo, conocía la forma de pitar, y con ese sonido se estremecía algo dentro de mí, era el sonido del dolor, del pánico, de la tristeza.
Correr a revisar si todo estaba perfecto, si no se me había olvidado limpiar algo u organizarlo, querer hacer reír a ese monstruo a como diera lugar, inventarme todo lo que estaba a mi alcance para oír una buena palabra, no pedía mucho, solo una pinche palabra de amor, de aceptación, de perdón... tal vez una caricia era pedir demasiado. Pero nunca llegó, era más sencillo un golpe, un insulto, una burla, una humillación más, y así noche tras noche, aunque al dormir había momentos de sueño, de paz, de seguridad o falsa seguridad.
Despertar no era un dulce despertar, era volver a la triste realidad, abrir los ojos y pensar "por favor que haya conectado el calentador", "por favor un poco de paz"... El monstruo se iba y volvía la felicidad, por momentos casi me olvidaba del profundo temor, cada vez eran menos los sueños, cada vez soñaba menos con mi libertad, golpe tras golpe, ya no dolían, ya me había acostumbrado al dolor, ya dominaba el dolor... pero el físico; el emocional ya me había destruido, ya me había podrido por dentro.
Intentar no vivir más, intentar irme de aquí y así solucionarle la vida, así tal vez el monstruo dejaría de ser monstruo, por supuesto que lo intenté y no solo una vez... Pero alguien jamás lo permitió, alguien no sé en donde me cuidó, supo ponerme un cerco de protección, me regaló el amor de ella, un amor que me permitió aguantar cuando ya no podía más, y fue así como hasta me llegó a ladrar su amor, alguien en alguna parte de este mundo si me amaba, si me cuidaba y si me iba a conducir a mi libertad.
(Continuará)...

No hay comentarios.:
Publicar un comentario